Principal
Arriba
Aforismos
Test de imbecilidad
Horóscopo infalible
Libro de Visitas
Fotos Personales

Vendedor Ataca

No sé quién es el instructor de los vendedores que a mí me atacan.

Digo atacan, porque me parece la expresión más aproximada para designarlos. Lo hacen personalmente o por teléfono, sin que yo los provoque en lo más mínimo.

Hoy recibí el llamado, no solicitado, de una promotora. La fortuna adquirió esta vez la forma de un nuevo sistema de alarmas; luego de presentarse me dijo:

"- ¿Oíste hablar de este sistema?" Remarco que me tuteó sin verme la cara, pues le han explicado que el tuteo crea un clima de complicidad, propicio para la contratación.

"- No, pero no me interesa." Respondí, más terminantemente de lo que hubiera esperado un experto en marketing.

"- ¿No te interesa proteger tu casa?" Fue su réplica inmediata, seguramente siguiendo las instrucciones del mismo experto que la adoctrinó.

"- Cuando digo que no me interesa, no me gusta que me insistan." Concluí, en un tono no del todo acorde con lo que mis mayores llaman buena educación.

Repito, no sé quién los entrena, pero la táctica me parece agresiva y deplorable.

Veamos: Cuando le hice saber mi desinterés, recurrió a lo siguiente: Me trató de estúpido.

Circunscribió la cuestión a una disyuntiva tan simplista como absurda: Si no le compro a ella, soy - además de estúpido - negligente y desconsiderado, pues el hecho de que roben en mi domicilio, me tiene tan sin cuidado como el romance de Menem y la Bolocco.

Desde estas líneas le cuento, señorita - yo no la tuteo, por falta de datos - que quizás ya tengo servicio de alarma domiciliaria, que quizás he blindado mi puerta de entrada, que quizás considero mi departamento, ubicado en el centro de la ciudad, lo suficientemente seguro... Digo, quizás me interese la seguridad de mi hogar y lo que no me interesa es escuchar propuestas de desconocidos sin saber cómo y por qué me contactaron.

Esto es nada más que un ejemplo. Quiero que sirva para hacer un llamado a la reflexión a Ud., lector. (A riesgo de ser reiterativo, aclaro que a mis lectores no los conozco ni les quiero vender alarma alguna, ergo, no los tuteo) Decía que me gustaría reflexionar sobre estas técnicas de venta:

1) Si me muestro interesado en el producto, soy:

a - Inteligente

b - Criterioso

c - Moderno

d - Joven

e - Buen padre, buen hijo y mejor vecino.

f - Alto, rubio y de ojos celestes

g - Alto, morocho y de ojos verdes

h - "f" y "g" al mismo tiempo

2) Si dudo en adquirirlo soy:

a - Ignorante

b - Un tonto que derrocha cada oportunidad

c - Merecedor de mi suerte esquiva

d - Feo

e - Jorobado

f - Picado de viruela

La opción entre 1) y 2) debe realizarse, eso sí, de inmediato, pues la promoción se autodestruirá en quince segundos.

Tengo un axioma que respeto a rajatabla: Cuando me obligan a decidir ya mismo, es porque si lo pienso bien, no lo compro.

Alguien denominó, con acierto, a las sumas que uno paga adquiriendo productos que no ha solicitado, como "Impuesto a la timidez."

Creo que estos maquiavélicos amigos, porque sólo los amigos nos llaman por el nombre de pila como hacen ellos, explotan la culpa que supuestamente nos asaltaría si decimos que no, no, no y no, como debiéramos.

Capítulo aparte merecen los avisos de premios que habríamos ganado en supuestos sorteos, realizados ayer a la mañana, en la empresa, entre miles de participantes.

De pequeño aprendí que, para ganar una rifa, había que comprar, al menos, un número. Ya no es así. Todos hemos ganado algún concurso sin saber que participábamos, o hemos sido seleccionados rigurosamente, por los incontables méritos que poseemos, méritos entre los cuales se encuentra una tarjeta de crédito o una cuenta bancaria.

Todo se resume en una frase: El vendedor se cree más vivo que los potenciales compradores: Por eso nos tratan de tontos, por eso nos inventan premios, por eso nos esconden datos fundamentales.

No nos subestimen a nosotros, los consumidores, recuerden que de nosotros dependen y no al revés.

 CARLOS GUSTAVO FARINA